miércoles, 27 de junio de 2012

El caso Rojas



El mundo mágico no sale aún de su asombro luego de que salieran a la luz pública los pormenores detrás del caso Rojas, la mujer que fue devorada a mordiscos en meses pasados a plena luz del día. Este caso tiene conmocionado al país entero porque ha dado  giros insospechados y poco a poco se han conocido detalles revelados por la fiscalía y por los investigadores privados contratados por la familia Feroz.
En la declaración inicial de quien fuera la única testigo del caso, la señorita Caperuza Rojas, nieta de la fallecida Abuelita Rojas, declaró que durante su camino a casa de su abuela había sido perseguida y hostigada por el acusado Lobo Feroz. Además, aseguró que al llegar a casa de la abuela, Lobo la había engañado haciéndose pasar por su familiar a quién, según ella, ya había devorado. Durante su declaración Caperuza se mostró confundida y lloró a lo largo de toda su intervención. Sus abogados llamaron a declarar al señor Leñador quien aseguró que de no haber sido por su intervención, Feroz habría devorado también a la señorita Rojas. En ese entonces, el Fiscal encargado del caso levantó una orden de captura contra el sindicado Lobo Feroz y lo condenó a ser el malo de todos los cuentos de hadas bajo el cargo de Homicidio doloso.
Meses después se reabrió el caso después de que la familia Feroz contratara a un investigador privado que ha revelado nuevas pistas sobre quien sería el verdadero culpable del crimen y sus causas. La apoderada de Feroz aseguró tener en su poder las pruebas que librarían a su cliente de toda responsabilidad del hecho criminal y que además incriminarían a Caperuza Rojas como la autora material del hecho.
En los últimos días ha crecido la intriga pues se han conocido escalofriantes detalles de este caso. Por un lado, la apoderada de Feroz presentó ante la fiscalía pruebas toxicológicas del acusado que probarían que este es vegetariano y que no ha comido carne en, aproximadamente, ochos años. Además, presentó las pruebas que consiguió el investigador privado durante estos meses: esta lista de pruebas la encabezan tres videos grabados por las cámaras del sector donde ocurrieron los hechos. Estas grabaciones habían desaparecido y hasta ahora fueron encontradas por la labor de búsqueda privada de la familia Feroz, y es que en esos videos  se aprecia a Caperuza Rojas bajo el efecto de una nueva droga alucinógena conocida como "Sales de baño". Según un experto toxicólogo llamado a declarar "este es un nuevo tipo de LSD capaz de convertir a los consumidores en bestias."
Según la declaración de Lobo Feroz, Caperuza, a quien había conocido la noche anterior en una fiesta, lo había invitado a dormir a casa de su abuela y estando allí le había ofrecido el alucinógeno. "Yo accedí a consumirlo pero lo hice con mucho cuidado porque era algo nuevo para mí, en cambio ella, al parecer ya lo había hecho antes.  Empecé a sentir calor en el cuerpo así que me quité la ropa y ella también lo hizo, en medio de la locura me puse una pijama de la abuela que encontré en el patio, cuando entré de nuevo a la casa ella estaba transformada, muy violenta y de un momento a otro se abalanzó sobre su abuela y empezó a darle mordiscos en el rostro" declaró Feroz ante el juez.

También aseguró en su declaración que segundos después del ataque de Rojas a su abuela, esta había intentado atacarlo a él y que en medio del forcejeo había empapado su pelaje de la sangre que tenía la implicada en su cuerpo. Según él, en ese momento había entrado a la casa Leñador quien al ver la espantosa escena, lo había atacado creyendo que era él el agresor, momento que aprovecharía Rojas para hacerse pasar por víctima del ataque ante el leñador y las autoridades que llegaron después al lugar de los hechos.
El impactante relato del acusado cambia por completo el curso de este caso en el que las víctimas pasan a ser verdugos, pero además deja abierta otra gran interrogante: ¿quién había mantenido ocultas las grabaciones de las cámaras de seguridad?.

Altas fuentes de la Fiscalía le precisaron a este periódico que ya hay una orden de captura levantada contra Caperuza Rojas por los  delitos de Homicidio agravado y falsedad en testimonio aunque, a pesar de ello, no exista una orden de libertad a favor de Lobo pues aunque las nuevas pruebas implican a Rojas, no libran de toda culpa a Feroz. En este cuento nadie ha podido comer perdices y no se puede escribir aún el final feliz. Recuerde que cualquier parecido con la realidad es intencional, no coincidencia.
FIN.

jueves, 19 de abril de 2012

Entrevista a un escritor


    John F. Galindo 
    Nacido en Bucaramanga  en 1978. Estudió Literatura en la Universidad Industrial de Santander. En el 2006 ganó el XIX Concurso Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia , en el 2007  consiguió el VI Premio de Impulso a la Joven Poesía Colombiana y en el 2008 recibió la Mención de Honor en la Segunda Bienal Nacional de Poesía Julio Flórez . Ha publicado los libros: Ventanas  de otros días (Ed. UIS 2007), Karaoke Demon (Ed. UIS 2010) y L. (Cuatro Colectivo artístico editores 2011)
     
       Gracias John F.


    Cuándo empezó a escribir y de dónde nace el interés (deseo o necesidad) por la escritura.

Empecé a escribir a eso de mis 14 años. Puede decirse que mis primeros textos tuvieron un carácter de imitación, de farsa, escribía por el deseo de escribir, por saber qué se sentía, por imitar mis lecturas, porque mi padre escribía, escribe aún, y desde allí se aprende, desde el contacto, desde la mentira. Empecé a escribir por la necesidad de engañarme.

2.     Qué significa la escritura para usted.

La escritura es mi oficio, es la forma que escogí para intentar salvarme o condenarme qué sé yo. No es mi forma de vida, es la vida misma. Todo lo que hago o pienso o me sucede, todo por una extraña suerte de prestidigitación al final tiene que ver con lo que escribo. Yo no domino la escritura, creo que la escritura me domina plenamente para que haga lo que a ella se le antoja.


3.     ¿Qué cree usted que se necesita para escribir?

Se necesita un lápiz y un papel.

4.     Desde su perspectiva como escritor y como docente de qué manera cree  que se puede incentivar a los estudiantes a escribir.

Creo que la mejor manera es esa en la que todo se  relaciona, en la que la experiencia vital de cada uno se convierte en palabras, en la que la imagen y la música y todo lo que rodea al estudiante puede transformarse en letras. Relacionar formas de leer el mundo, de entenderlo, enseñarle al estudiante a leer su entorno, a amar el libro como fuente inagotable de experiencias y sustancias, es una tarea a la que el docente no debe renunciar nunca.
5.     
Usted hace parte de una generación de transición en el desarrollo tecnológico ¿Cree que los medios electrónicos están condenando a los libros a morir?

El libro nunca morirá. Si bien la tecnología está jugando un papel fundamental en el acercamiento con la lectura, con esas nuevas formas de lectura, creo más que nunca que también debe jugar un papel vital en la vuelta al libro. Si se mira bien, lo más avanzado, lo más tecnológicamente avanzado que el hombre ha podido crear es el libro. Mientras existan lectores, existirán los libros.

6.     ¿Piensa que en este país existen las condiciones para que la gente escriba, publique y se dedique a la escritura?

Creo que no y es mejor así. Porque publicar no es el fin de la escritura, porque un escritor que solo se dedique a escribir está muerto. Un escritor debe amar, sufrir, ver llover, trabajar como cirujano, como payaso de feria, como abogado, como encantador de perros. Es decir, un escritor debe estar no detrás de un escritorio o de un computador, debe estar detrás de la vida que es en donde está la historia, y la vida como la escritura no tiene nada de fácil.

7.     Qué evento ha marcado su vida, desde su experiencia como escritor.

Conocer a quienes hoy son mis amigos.


8.     ¿Qué escritores siente que lo han influenciado?

Lo digo siempre que me preguntan esto: cada momento de  la vida trae consigo un escritor. Hay algunos que se quedan y otros que se van. En mi vida se han quedado algunos: Hemmingway, Joyce, Kafka, César Vallejo, Cepeda Samudio. Hoy leo con devoción a Tureau, a Thomas Pinchon y a otros tantos; ya veremos si el tiempo decide que se queden a vivir aquí.

Me dejaron con los crespos hechos


1.    

     Desde el momento mismo de impuesta la tarea de entrevistar a un escritor me dispuse a incumplirla. -¡A un escritor!- pensaba -¡si es que soy tan poca cosa como para que un escritor me responda!  Siempre he visto a los escritores como entes intocables, maravillosos... para mi la literatura merece tanto respeto que cualquiera que se dedique a ella como oficio debe merecerlo también. No solo respeto: admiración, interés. Ya faltando muy poco para que venciera el plazo de tan difícil tares se me dieron las cosas. Conocí a uno... hablamos noche a noche, lo esperaba ansiosa en una de esas redes sociales, me sentía feliz de ver el puntito verde al lado de su seudónimo en el facebook, no me importaba robarle minutos a mis horas de sueño con tal de hablarle, leerle. Después de muchos encuentros virtuales llegó la hora del encuentro.
     Citas sin cumplir, cafés que se enfriaron esperando a ser bebidos, gotas de lluvia que bañaron mis sandalias en mojados pasos hacia la estación del metro. Nunca llegó. Me quedé con los crespos hechos (literalmente). 
    

     

domingo, 11 de marzo de 2012

Se la fumaron verde

Nos esperaban a Silvia, a Anita y a mí desde las 11 de la noche con la promesa de ir a carretear. Allá, en casa de Felipe, nos esperaba Chimpa, Felipe y compañía, pero solo hacía las dos de la mañana salimos del hotel. Después de tanta espera solo salimos cinco de los doce que inicialmente habían aceptado la invitación. Temerosos a esa hora en pleno centro de la Ciudad de la Furia logramos conseguir un taxi que nos llevara al destino programado, era muy lejos, por eso nadie nos quería llevar.

Cuando llegamos, Chimpa expresó muy fervorosamente lo plácido que era para él ser nuestro anfitrión aquella madrugada, confesándonos un rato después que ya a esa hora “nos había perdido la fe” y que pensaba que ya no llegaríamos. Nos pusimos cómodas al entrar a la casa, -hermosa casa- pensé. Lo primero que nos ofrecieron fue un trago de vino servido en vasos de vidrio. Empezó el carrete y pasaron los minutos entre las risas, el piano, unas cuecas, el sonido de la quena, las guitarras, los chistes…

Me decidí apartarme del grupo para recorrer la casa, un extraño jardín de alto follaje llamó mi atención en la parte posterior. Me senté con Rodrigo en uno de los banquillos a mirar las estrellas y de repente un soplido de la brisa oceánica trajo a mi nariz un aroma que se me hacía conocido, sin embargo no lograba identificarlo, así que le pregunté a mi compañero de qué se trataba, “¡Marihuana, po’! “ respondió inmediatamente.

Cuando volvimos a la sala, el aroma se intensificó y me percaté de que el olor no venía del jardín como creí inicialmente, sino de la cocina. Estaban tostando la hierba en un caldero de teflón. Nunca fui fumadora de marihuana, pero si de algo estaba segura en ese momento era de que la marihuana se deja secar naturalmente así que este proceso llamó mucho mi atención y no pude perderme ni un instante de lo que hacía Favela en la cocina: a fuego muy lento y muy cuidadosamente sobre una plancha de teflón envuelta en papel aluminio ponía Ernesto “favela” las hojas y ramilletes de hierba hasta que perdían un la viveza en el color.

Después de sacar la hierba en la estufa, le pasaba a Chimpa las hojas ya secas y este las cortó con unas tijeras sobre una hoja de papel, separando en pequeños tumultos el picadillo verde con los que posteriormente armaron los cigarrillos en papelillos.

Seguramente yo tenía cara de idiota mientras detallaba el proceso, para mí ¡se la estaban fumando verde! Rodrigo me explicaba que dadas las condiciones climáticas tenía que hacerlo así, que era común para ellos este proceso.

Mucho tiempo después y con el temita de la marihuana asada en la cabeza, me decidí a preguntarle a amigos (fumadores) más cercanos cual era el proceso real de secado, curado, armado y fumado de la Quitapesares.

A pesar de que eran más de los que se pueden contar con los dedos de las dos manos, ninguno sabía a ciencia cierta cuál era el proceso de la hierba antes de llegar a sus dedos, solo Fernando, un amigo de un amigo supo explicarme cuál era el proceso.

Yo tengo las mías, si quiere le explico cómo lo hago yo, de manera casera.” Hace solo un par de semanas volví a preguntar del tema porque pensé en él para tema de esta crónica. Fernando vive en una casa-finca en Acapulco. Como es tan grande la casa, tiene patos, un perro, hamacas, mangos, mandarinos, marihuana. “Pasan más o menos cuatro meses desde la siembra hasta que ya está para dar flores, esto es lo más importante porque la que es macho, no sirve. Acá donde yo la tengo me aseguro de que reciba buena brisita y cuando es momento las guardo, yo las cuido a 12 horas de sol y 12 horas de oscuridad. Cuando veo que las hembras botan capullos las guardo, no las dejos al sol para que no florezcan, las guardo durante el día en esa piecita y en la noche las saco para que les dé la brisa de la noche, además para que talle. De todas maneras las dejo bajo el techito para que no se vayan a mojar, es mejor que esté protegida, severo proceso. Yo le voy arrancando tallitos y los pongo a curar.

Jum! El curado es otro video porque, hay muchas maneras de hacerlo. Dura más o menos un mes curándose, yo la pongo en la pieza de atrás, a la sombra, como esa pieza es bien caliente no necesito ponerla al sol, lo malo es que el olor es muy fuerte, por eso tengo esa Ruda al lado, para que el aroma se camufle aunque acá la gente no pone problema por eso, es normal y ¡como tengo tan poquita! Yo personalmente voy probándola hasta que veo que está en el punto que me gusta. Después la guardo en bolsitas selladas y la meto al congelador.” El tiempo se hizo corto con Fernando y pronto tuve que volver a mi casa.

Días después me fui al Bosque, en la universidad. Caras desconocidas por todos lados, no conocía a nadie tuve que salir con los crespos hechos porque no encontré quién me diera ni información, ni compañía. Más o menos media hora más tarde me encontré con Camilo y él me llevó con sus amigos al aeropuerto. Mucha gente jugando, riendo, fumando. Uno de ellos, el peludo, sacó un papel y se dispuso a armar su porro: ¡lo que estaba buscando! -El armado es,muy sencillo-; sin embargo yo no lo conseguí. _Como la hierba viene seca, se compacta y lo primero es “granularla” por decirlo de alguna manera, se forma una honda con el papelillo y se pone ahí la hierba, después con la lengua se pega formando un cigarro.-

Recordé que Javi lo hacía más sencillo... a un pielroja sin filtro le sacaba todo con un palillo y después le embutía la hierba y para terminar lo prensaba haciéndole moñito en las puntas, como empacando un caramelo. El cigarrillo quedaba igualmente bien formado, me parece que así es más fácil porque el proceso del amigo de Camilo se logra con éxito a través de la práctica.

Después de eso, al otro lado de la semana, me encontré sentada con el novio de Elisabeth, también en la universidad que celebra el lema UIS LIBRE DE DROGAS, a pleno medio día y en pleno ombligo del campus: él fumando, yo esperando. Su cigarro me pareció muy curioso, parecía una imagen de Chema Madoz: cripa dentro de un gotero. Sí, señor, ese fue el porro ganador! el que más me sorprendió, el más ingenioso, mi favorito. Se introduce la hierba dentro del gotero y como no hay papel que carbure para fumarla tiene que estar la llama quemando la hierba mientras el usuario aspira.

Así se hace un porro, tres maneras de hacerlo, una sola de fumarlo. Hierba que se va en un suspiro. Inhalo... lo mantengo... ... ...exhalo...

sábado, 10 de marzo de 2012

Del día a la noche


A pesar de que su deleite más grande sea dormir, a las cuatro de la mañana se despierta Paquita de lunes a viernes y es que los motivos lo ameritan pues su día se va en muchas ocupaciones por cumplir entre la iglesia, la universidad y el trabajo. Despierta, se estira, se duerme, despierta, se para, se baña Paquita y solo han pasado 18 minutos de las 23 horas y 42 minutos que faltan de su día…

Sale de su cuarto ya vestida y maquillada, desayuna, corre a la estación del bus, resta los 32 minutos y 32 pasos del recorrido urbano de su casa al colegio donde la conocen como “La profe Natalia” 32 son también los besos que recibe de “sus niños” al llegar al colegio. Pasa las cinco horas de su jornada laboral entre niños y niñas ansiosos por aprender lo que ella les enseña… a una hora del medio día Paquita emprende el camino a casa… Abre la puerta, se quita los zapatos, olfatéa: mmmm delicioso ajiaco preparó la mamá de Paquita y sus glándulas salivales empiezan a trabajar… 18 pasos de la puerta al comedor, 18 cucharadas, 18 horas para terminar su día.

Almuerza, se recuesta, intenta descansar la profe Natalia. El reloj marca ya la 1:15 de la tarde, no puede dormir más. Se lava los dientes, cambia de maleta y de rol: Paquita deja de ser profesora, toma la mochila de estudiante y se va a la universidad. 2 horas más del día, 2 libros más para leer, 2 minutos para cerrar los ojos y pensar “¿qué falta por hacer?”

La arena del reloj que marca las horas en los días de Paquita ya va por mitad. Sale de clase y de la universidad, se va a casa a terminar de leer lo que tenía por leer, a planear la clase de mañana de francés y la de inglés. Pasan tan solo un par de horas y ya empieza a anochecer, pronto llegará la hora del día que más le gusta después de la de dormir.

Corre para no llegar tarde a su ensayo con el coro, no lo logra, entra tarde. Se sienta atrás, disimula, no se quiere hacer notar. Paquita no tuvo tiempo de estudiar la partitura. “Sube un tono, estás desafinada”, resta una hora a tu reloj, ya casi el día acaba.

A 8 horas de empezar de nuevo baja a la iglesia, se encuentra con su padre, su hermano, su madre, sus hermanas y hermanos, Paquita dirige el grupo de alabanzas de la iglesia. Se regocija, se emociona, canta.

Vuelve a la cama, lee, la alegra un encuentro virtual con sus amigos, se queda dormida Paquita sin lavarse los dientes, el cansancio pudo con su cuerpo. Sueña placenteramente, disfruta de lo que más le gusta hacer en el día.

5, 4, 3, 2, 1… pi pi pi pi pi pi… suena de nuevo el despertador para anunciarle que su rutina empieza de nuevo.

viernes, 9 de marzo de 2012

Retratos















El viejo oficio de barrer puentes



Día a día, cientos de transeúntes atraviesan el puente peatonal de Cañaveral. Algunos buscan entrar a este exclusivo sector de Floridablanca, otros salir de él. Día a día también, este puente se convierte en el lugar de trabajo de cuatro personas que, gracias a la exclusión social, la falta de oportunidades o el "rebusque" terminan desempeñando oficios diferentes a lo que dictaron alguna vez sus aspiraciones; uno de ellos es un vendedor de minutos, otro vende Bon Ice, una señora que vende pulseras y Enrique, el protagonista de esta crónica.


Orlando, Jaime, Freddy, su nombre real no importa, no lo pregunté. Para mi tiene cara de Enrique.

Él desempeña un oficio poco común en una de las ciudades de plástico que profesa Rubén Blades donde nada tienes, nada vales. Mañana a mañana el protagonista de esta historia se ubica en el puente peatonal y se dedica a barrerlo. Sí, a barrer un puente público por el que transitan a diario cientos de personas. Enrique no trabaja para ninguna empresa de aseo, nadie lo contrató para hacerlo, nadie le da las gracias por eso. Muchos dirían que vive de la limosna pues mientras su escoba besa la superficie de cemento su mano se extiende esperando la generosidad de aquellos que por allí pasan, quizás espera un gesto amable, más que unas monedas.

Enrique no se para en el puente solo a barrerlo o a pedir monedas, Enrique se para

en el puente a repartir bendiciones. A mí ya se me hizo costumbre escucharlo todos los días cuando me dice “que Dios la bendiga”, “qué mujer más bonita” o “corra que el bus la deja” Enrique se ha hecho un acompañante invisible en la rutina de quienes pisan ese suelo de cemento.

En su oficio él se pone el horario, “casi siempre llego a las nueve o nueve y media, pero a veces solo vengo en las tardes porque mi mujer, ella, pobrecita, a veces me tengo que quedar con ella.” Asegura en una de nuestras charlas, sin pena alguna, Enrique destapa su conmovedora vida en una de nuestras fugaces conversaciones cuando voy camino a tomar el metrolínea. –“Yo hago esto porque no tengo nada más qué hacer y no soy inválido como para sentarme a ver cómo nos morimos ella y yo. Mi esposa no se puede para de la cama, pero yo sí.”


Enrique es un hombre del campo que no tiene nada que hacer de la ciudad al que un día una negligencia médica le cambió la vida para siempre. Padre de dos hijos sale del campo luego de que a su esposa una intervención quirúrgica en la matriz la dejara con un daño severo en la columna vertebral que le impediría para siempre volver a estar de píe por sí sola. “Ella es hermosa, mi razón de vivir, ella es la que me da fuerzas para salir todos los días a barrer el puente porque este es ahora mi trabajo y trabajo es por ella, lo que hago es para su comidita y su droga. Las mujeres son lo más lindo que puso Dios sobre la tierra y los hombres estamos para trabajar por ellas.” Su día laboral termina a puertas del atardecer, su casa queda en Bosconia y como dicen por ahí, el camino es culebrero. Enrique recoge su balde, su recogedor, su escoba y su amor para volver a casa. Al otro día, de nuevo, Enrique cumplirá su cita con los transeúntes del puente de Cañaveral a quienes les barre el camino y les reparte bendiciones.

viernes, 27 de enero de 2012

A solas

Ismael Enrique Arciniegas

¿Quieres que hablemos? Está bien empieza:
Habla a mi corazón como otros días...
¡Pero no!... ¿qué dirías?
¿Qué podrías decir a mi tristeza?

...No intentes disculparte: ¡todo es vano!
Ya murieron las rosas en el huerto;
el campo verde lo secó el verano,
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.

Amor arrepentido,
ave que quiere regresar al nido
al través de la escarcha y las neblinas;
amor que vienes aterido y yerto,
¡donde fuiste feliz... ¡ya todo ha muerto!
No vuelvas... ¡Todo lo hallarás en ruinas!

¿A qué has venido? ¿Para qué volviste?
¿Qué buscas?... Nadie habrá de responderte!
Está sola mi alma, y estoy triste,
inmensamente triste hasta la muerte.

Todas las ilusiones que te amaron,
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron,
y se fueron... cansadas de no verte.

Cuando por vez primera
en mi camino te encontré, reía
en los campos la alegre primavera...
todo era luz, aromas y armonía.

Hoy todo cuán distinto... Paso a paso
y solo voy por la desierta vía.
—Nave sin rumbo entre revueltas olas-
pensando en la tristeza del ocaso,
y en las tristezas de las almas solas.

En torno la mirada no columbra
sino esperanzas y páramos sombríos;
los nidos en la nieve están vacíos,
y la estrella que amamos ya no alumbra
el azul de tus sueños y los míos.

Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra.
...¿Recuerdas? Te llamaba mi esperanza,
¡pero ya mi esperanza no te nombra!

¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía
está el ara, y la historia yace trunca.
¡Ya para que esperar que irradie el día!
¡Ya para que decirnos: Todavía,
Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!

miércoles, 21 de septiembre de 2011

¡Severo viaje!


Cuando tomó el P3 solo quería sentarse, a pesar de que era aún muy temprano, ya se sentía muy cansada. Se despertó cuando aún no amanecía y no pudo volver a dormir. Había empezado a sentirse intranquila, pues se dio cuenta de que aquella noche tampoco tendría su idilio con el sueño (después de todo, era el único que la complacía).

Contaba ya tres días y siete horas sin poder dormir de corrido más de dos horas.... tic tac tic tac tic... cuando empezaba a invadirla el sueño se dio cuenta de que en menos de una hora amanecería, pues a pesar de que no había rastros del sol, la vecina del 517 dejó sentir sus pasos sobre las baldosas sueltas del piso. Como todos los días, se dispuso a la rutina cruel de la que no planea ser mamá cuando aún se ocupa de todo cuanto implica ser una mujer joven.

Ya, a más de tres horas de haber despertado, se encontraba recorriendo los pasos de su camino diario, camino marcado por el olor particular de la mezcla de aromas cosméticos que se aplicaba religiosamente antes de salir de casa.

Antes de notarlo, ya iba cruzando el puente que la lleva a la estación del Metro, pues, como siempre, a lo largo del camino cuentas por pagar, tareas pendientes, palabras no dichas, se anidaban en su cabeza construyendo sus efemérides. De entre tantas cosas que le fastidiaban se encontró con la combinación casi perfecta de dos de ellas, como una broma mal pensada del mismísimo demonio: dos policías que estaban parados debajo del puente miraban lascivamente la sombra de debajo de su vestido. -¿Qué se creen estos hijueputas?-, pensó y con esa actitud desafiante que tomaba cuando se sentía violentada en lo más femenino de su ser, se paró a mitad del puente a mirarlos a la cara hasta que, intimidados, dejaron de mirarla sin que antes, claro está, ella no perdiera la oportunidad de hacer escuchar su aguda voz: -¿Nunca han visto una vagina?-.

Efectivamente, al tomar el Metro, encontró un asiento vacío donde se sentó, como de costumbre, a hacer un recuento de lo que iba de su día y a planear lo que le faltaba de él. Pasó lentamente su viaje que atravesaba una ciudad entera para llegar a su destino entre sueños atrasados, malos recuerdos, y cosas por hacer. Por fin llegó el momento, en la estación de la 27 con 11 se encontró con Ánderson y fueron a buscar, una cuadra más abajo donde para el Metro, al jíbaro, y se fueron a inhalar perico al aeropuerto. Lola se sintió feliz pues hasta ahora empezaba su día.

miércoles, 24 de agosto de 2011

¡Jumm! ¿y lo del avión?




Ya yo sabía cómo iba a terminar eso... el semestre pasado algunos de mis amigos estuvieron revoloteando las últimas semanas del semestre con una vaina que yo no entendía para qué era. Yo me preguntaba: ¡qué les pasa, si en medio de una semana de parciales, lo que menos me importaría sería hacer un marica avión!. Pues resulta que este semestre mi esposo se preguntaba lo mismo y, la verdad sea dicha, hubo momentos donde también yo lo hice.

A pesar de que el trabajo estaba propuesto hace tiempo, solo hace un par de semanas empecé a pensar y consultar, pues la idea de realizar esa actividad junto a mi hijo me entusiasmó lo suficiente como para motivarme a hacerlo. Pasaron los días, las ideas, las páginas de la internet y ninguna me convencía... algunas por complicadas, algunas por sencillas, algunas por costosas, algunas !porque ajá¡.

En esa pensadera y consultadera pasaron los días y vinieron tareas pendientes, responsabilidades de mamá, trabajos de literatura, de didáctica, exposiciones, parciales... en fin. Cuando me di cuenta, estaba a días de la entrega y el avión no avanzaba, ni si quiera arrancaba.

En uno de esos días en medio del afán académico, laboral, casero, me encontré a solas con Juan Manuel (mi hijo) en uno de esos días donde la televisión, los carros de juguete, los dinosaurios de plástico, no logran satisfacer el aburrimiento de un niño de tres años, así que decidí meterme con él en eso, lo del avión que tenía que hacer. Rápidamente acudí a la página donde había encontrado unos modelos de avión hechos en papel que, al parecer, eran muy sencillos para hacer, pues las indicaciones en la página http://www.avioncitosdepapel.com/index.php en la que se encontraban eran claras y además estaban acompañadas por dibujos del paso a paso.

Efectivamente, algunos de ellos eran fáciles con diseños clásicos de esos avioncitos que uno aprende a hacer en la escuela. Pero pensé que habiendo tantos, podíamos arriesgarnos a hacer algunos más complejos. En el EXITO encontré un blog de papel para origami con diseños que le darían al avión un toque "personal" -pensé. Al fin me decidí a comprar uno de hojas con colores diferentes en sus dos caras. Cuando llegamos a la casa, empezamos a doblar las hojas de una y otra manera. Juan Manuel no entendía por qué simplemente no recortábamos los papeles en pequeñas piezas para luego pegarlas sobre algún dibujo como siempre lo hacemos a la hora de haer sus tareas del colegio.

Cuando, después de varios intentos, por primera vez fue exitosa la hechura de uno de los aviones y lo hice volar, la emoción en sus ojos y verlo correr en la sala detrás de él me emocionó mucho hasta que las lagrimitas empezaron a brotar de sus ojos porque el avión se había ido balcón afuera. Le mostré que teníamos más papel y podíamos hacer muchos más.

Muchas hojas terminaron en la bolsa del reciclaje porque en su afán por ayudarme se rompieron o arrugaron... otras porque en mi afán de ser artista y sorprenderme con un modelo más complejo, terminaban rotas en los pedazos que deja la frustración... El caso es que solo sobrevivieron y volaron tres de los modelos que hicimos: el Silvio http://www.avioncitosdepapel.com/silvio.php , el Flout http://www.avioncitosdepapel.com/flout.php , y el Planeador http://www.avioncitosdepapel.com/planeador.php .

Al final, esta experiencia me dejó: una chiva, una burra negra, una yegua blanca; la sonrisa en la cara de Juancho al ver volar los aviones y su emoción al perseguirlos tratando de adivinar dónde iban a caer. Satisfacción que en segundos borró la frustración de los aviones que se quedaron a mitad del camino.