Silolé
martes, 9 de octubre de 2012
miércoles, 27 de junio de 2012
El caso Rojas
Altas fuentes de la Fiscalía le precisaron a este periódico que ya hay una orden de captura levantada contra Caperuza Rojas por los delitos de Homicidio agravado y falsedad en testimonio aunque, a pesar de ello, no exista una orden de libertad a favor de Lobo pues aunque las nuevas pruebas implican a Rojas, no libran de toda culpa a Feroz. En este cuento nadie ha podido comer perdices y no se puede escribir aún el final feliz. Recuerde que cualquier parecido con la realidad es intencional, no coincidencia. FIN.
jueves, 19 de abril de 2012
Entrevista a un escritor
Me dejaron con los crespos hechos
lunes, 26 de marzo de 2012
domingo, 11 de marzo de 2012
Se la fumaron verde
Nos esperaban a Silvia, a Anita y a mí desde las 11 de la noche con la promesa de ir a carretear. Allá, en casa de Felipe, nos esperaba Chimpa, Felipe y compañía, pero solo hacía las dos de la mañana salimos del hotel. Después de tanta espera solo salimos cinco de los doce que inicialmente habían aceptado la invitación. Temerosos a esa hora en pleno centro de la Ciudad de la Furia logramos conseguir un taxi que nos llevara al destino programado, era muy lejos, por eso nadie nos quería llevar.Cuando llegamos, Chimpa expresó muy fervorosamente lo plácido que era para él ser nuestro anfitrión aquella madrugada, confesándonos un rato después que ya a esa hora “nos había perdido la fe” y que pensaba que ya no llegaríamos. Nos pusimos cómodas al entrar a la casa, -hermosa casa- pensé. Lo primero que nos ofrecieron fue un trago de vino servido en vasos de vidrio. Empezó el carrete y pasaron los minutos entre las risas, el piano, unas cuecas, el sonido de la quena, las guitarras, los chistes…
Me decidí apartarme del grupo para recorrer la casa, un extraño jardín de alto follaje llamó mi atención en la parte posterior. Me senté con Rodrigo en uno de los banquillos a mirar las estrellas y de repente un soplido de la brisa oceánica trajo a mi nariz un aroma que se me hacía conocido, sin embargo no lograba identificarlo, así que le pregunté a mi compañero de qué se trataba, “¡Marihuana, po’! “ respondió inmediatamente.
Cuando volvimos a la sala, el aroma se intensificó y me percaté de que el olor no venía del jardín como creí inicialmente, sino de la cocina. Estaban tostando la hierba en un caldero de teflón. Nunca fui fumadora de marihuana, pero si de algo estaba segura en ese momento era de que la marihuana se deja secar naturalmente así que este proceso llamó mucho mi atención y no pude perderme ni un instante de lo que hacía Favela en la cocina: a fuego muy lento y muy cuidadosamente sobre una plancha de teflón envuelta en papel aluminio ponía Ernesto “favela” las hojas y ramilletes de hierba hasta que perdían un la viveza en el color.
Después de sacar la hierba en la estufa, le pasaba a Chimpa las hojas ya secas y este las cortó con unas tijeras sobre una hoja de papel, separando en pequeños tumultos el picadillo verde con los que posteriormente armaron los cigarrillos en papelillos.
Seguramente yo tenía cara de idiota mientras detallaba el proceso, para mí ¡se la estaban fumando verde! Rodrigo me explicaba que dadas las condiciones climáticas tenía que hacerlo así, que era común para ellos este proceso.
Mucho tiempo después y con el temita de la marihuana asada en la cabeza, me decidí a preguntarle a amigos (fumadores) más cercanos cual era el proceso real de secado, curado, armado y fumado de la Quitapesares.
A pesar de que eran más de los que se pueden contar con los dedos de las dos manos, ninguno sabía a ciencia cierta cuál era el proceso de la hierba antes de llegar a sus dedos, solo Fernando, un amigo de un amigo supo explicarme cuál era el proceso.
“Yo tengo las mías, si quiere le explico cómo lo hago yo, de manera casera.” Hace solo un par de semanas volví a preguntar del tema porque pensé en él para tema de esta crónica. Fernando vive en una casa-finca en Acapulco. Como es tan grande la casa, tiene patos, un perro, hamacas, mangos, mandarinos, marihuana. “Pasan más o menos cuatro meses desde la siembra hasta que ya está para dar flores, esto es lo más importante porque la que es macho, no sirve. Acá donde yo la tengo me aseguro de que reciba buena brisita y cuando es momento las guardo, yo las cuido a 12 horas de sol y 12 horas de oscuridad. Cuando veo que las hembras botan capullos las guardo, no las dejos al sol para que no florezcan, las guardo durante el día en esa piecita y en la noche las saco para que les dé la brisa de la noche, además para que talle. De todas maneras las dejo bajo el techito para que no se vayan a mojar, es mejor que esté protegida, severo proceso. Yo le voy arrancando tallitos y los pongo a curar.
Jum! El curado es otro video porque, hay muchas maneras de hacerlo. Dura más o menos un mes curándose, yo la pongo en la pieza de atrás, a la sombra, como esa pieza es bien caliente no necesito ponerla al sol, lo malo es que el olor es muy fuerte, por eso tengo esa Ruda al lado, para que el aroma se camufle aunque acá la gente no pone problema por eso, es normal y ¡como tengo tan poquita! Yo personalmente voy probándola hasta que veo que está en el punto que me gusta. Después la guardo en bolsitas selladas y la meto al congelador.” El tiempo se hizo corto con Fernando y pronto tuve que volver a mi casa.
Días después me fui al Bosque, en la universidad. Caras desconocidas por todos lados, no conocía a nadie tuve que salir con los crespos hechos porque no encontré quién me diera ni información, ni compañía. Más o menos media hora más tarde me encontré con Camilo y él me llevó con sus amigos al aeropuerto. Mucha gente jugando, riendo, fumando. Uno de ellos, el peludo, sacó un papel y se dispuso a armar su porro: ¡lo que estaba buscando! -El armado es,muy sencillo-; sin embargo yo no lo conseguí. _Como la hierba viene seca, se compacta y lo primero es “granularla” por decirlo de alguna manera, se forma una honda con el papelillo y se pone ahí la hierba, después con la lengua se pega formando un cigarro.-
Recordé que Javi lo hacía más sencillo... a un pielroja sin filtro le sacaba todo con un palillo y después le embutía la hierba y para terminar lo prensaba haciéndole moñito en las puntas, como empacando un caramelo. El cigarrillo quedaba igualmente bien formado, me parece que así es más fácil porque el proceso del amigo de Camilo se logra con éxito a través de la práctica.
Después de eso, al otro lado de la semana, me encontré sentada con el novio de Elisabeth, también en la universidad que celebra el lema UIS LIBRE DE DROGAS, a pleno medio día y en pleno ombligo del campus: él fumando, yo esperando. Su cigarro me pareció muy curioso, parecía una imagen de Chema Madoz: cripa dentro de un gotero. Sí, señor, ese fue el porro ganador! el que más me sorprendió, el más ingenioso, mi favorito. Se introduce la hierba dentro del gotero y como no hay papel que carbure para fumarla tiene que estar la llama quemando la hierba mientras el usuario aspira.
Así se hace un porro, tres maneras de hacerlo, una sola de fumarlo. Hierba que se va en un suspiro. Inhalo... lo mantengo... ... ...exhalo...
sábado, 10 de marzo de 2012
Del día a la noche

A pesar de que su deleite más grande sea dormir, a las cuatro de la mañana se despierta Paquita de lunes a viernes y es que los motivos lo ameritan pues su día se va en muchas ocupaciones por cumplir entre la iglesia, la universidad y el trabajo. Despierta, se estira, se duerme, despierta, se para, se baña Paquita y solo han pasado 18 minutos de las 23 horas y 42 minutos que faltan de su día…
Sale de su cuarto ya vestida y maquillada, desayuna, corre a la estación del bus, resta los 32 minutos y 32 pasos del recorrido urbano de su casa al colegio donde la conocen como “La profe Natalia” 32 son también los besos que recibe de “sus niños” al llegar al colegio. Pasa las cinco horas de su jornada laboral entre niños y niñas ansiosos por aprender lo que ella les enseña… a una hora del medio día Paquita emprende el camino a casa… Abre la puerta, se quita los zapatos, olfatéa: mmmm delicioso ajiaco preparó la mamá de Paquita y sus glándulas salivales empiezan a trabajar… 18 pasos de la puerta al comedor, 18 cucharadas, 18 horas para terminar su día.
Almuerza, se recuesta, intenta descansar la profe Natalia. El reloj marca ya la 1:15 de la tarde, no puede dormir más. Se lava los dientes, cambia de maleta y de rol: Paquita deja de ser profesora, toma la mochila de estudiante y se va a la universidad. 2 horas más del día, 2 libros más para leer, 2 minutos para cerrar los ojos y pensar “¿qué falta por hacer?”
La arena del reloj que marca las horas en los días de Paquita ya va por mitad. Sale de clase y de la universidad, se va a casa a terminar de leer lo que tenía por leer, a planear la clase de mañana de francés y la de inglés. Pasan tan solo un par de horas y ya empieza a anochecer, pronto llegará la hora del día que más le gusta después de la de dormir.
Corre para no llegar tarde a su ensayo con el coro, no lo logra, entra tarde. Se sienta atrás, disimula, no se quiere hacer notar. Paquita no tuvo tiempo de estudiar la partitura. “Sube un tono, estás desafinada”, resta una hora a tu reloj, ya casi el día acaba.
A 8 horas de empezar de nuevo baja a la iglesia, se encuentra con su padre, su hermano, su madre, sus hermanas y hermanos, Paquita dirige el grupo de alabanzas de la iglesia. Se regocija, se emociona, canta.
Vuelve a la cama, lee, la alegra un encuentro virtual con sus amigos, se queda dormida Paquita sin lavarse los dientes, el cansancio pudo con su cuerpo. Sueña placenteramente, disfruta de lo que más le gusta hacer en el día.
5, 4, 3, 2, 1… pi pi pi pi pi pi… suena de nuevo el despertador para anunciarle que su rutina empieza de nuevo.
viernes, 9 de marzo de 2012
El viejo oficio de barrer puentes

Día a día, cientos de transeúntes atraviesan el puente peatonal de Cañaveral. Algunos buscan entrar a este exclusivo sector de Floridablanca, otros salir de él. Día a día también, este puente se convierte en el lugar de trabajo de cuatro personas que, gracias a la exclusión social, la falta de oportunidades o el "rebusque" terminan desempeñando oficios diferentes a lo que dictaron alguna vez sus aspiraciones; uno de ellos es un vendedor de minutos, otro vende Bon Ice, una señora que vende pulseras y Enrique, el protagonista de esta crónica.
Orlando, Jaime, Freddy, su nombre real no importa, no lo pregunté. Para mi tiene cara de Enrique.
Él desempeña un oficio poco común en una de las ciudades de plástico que profesa Rubén Blades donde nada tienes, nada vales. Mañana a mañana el protagonista de esta historia se ubica en el puente peatonal y se dedica a barrerlo. Sí, a barrer un puente público por el que transitan a diario cientos de personas. Enrique no trabaja para ninguna empresa de aseo, nadie lo contrató para hacerlo, nadie le da las gracias por eso. Muchos dirían que vive de la limosna pues mientras su escoba besa la superficie de cemento su mano se extiende esperando la generosidad de aquellos que por allí pasan, quizás espera un gesto amable, más que unas monedas.
Enrique no se para en el puente solo a barrerlo o a pedir monedas, Enrique se para
en el puente a repartir bendiciones. A mí ya se me hizo costumbre escucharlo todos los días cuando me dice “que Dios la bendiga”, “qué mujer más bonita” o “corra que el bus la deja” Enrique se ha hecho un acompañante invisible en la rutina de quienes pisan ese suelo de cemento. En su oficio él se pone el horario, “casi siempre llego a las nueve o nueve y media, pero a veces solo vengo en las tardes porque mi mujer, ella, pobrecita, a veces me tengo que quedar con ella.” Asegura en una de nuestras charlas, sin pena alguna, Enrique destapa su conmovedora vida en una de nuestras fugaces conversaciones cuando voy camino a tomar el metrolínea. –“Yo hago esto porque no tengo nada más qué hacer y no soy inválido como para sentarme a ver cómo nos morimos ella y yo. Mi esposa no se puede para de la cama, pero yo sí.”

Enrique es un hombre del campo que no tiene nada que hacer de la ciudad al que un día una negligencia médica le cambió la vida para siempre. Padre de dos hijos sale del campo luego de que a su esposa una intervención quirúrgica en la matriz la dejara con un daño severo en la columna vertebral que le impediría para siempre volver a estar de píe por sí sola. “Ella es hermosa, mi razón de vivir, ella es la que me da fuerzas para salir todos los días a barrer el puente porque este es ahora mi trabajo y trabajo es por ella, lo que hago es para su comidita y su droga. Las mujeres son lo más lindo que puso Dios sobre la tierra y los hombres estamos para trabajar por ellas.” Su día laboral termina a puertas del atardecer, su casa queda en Bosconia y como dicen por ahí, el camino es culebrero. Enrique recoge su balde, su recogedor, su escoba y su amor para volver a casa. Al otro día, de nuevo, Enrique cumplirá su cita con los transeúntes del puente de Cañaveral a quienes les barre el camino y les reparte bendiciones.
martes, 28 de febrero de 2012
viernes, 27 de enero de 2012
A solas
Habla a mi corazón como otros días...
¡Pero no!... ¿qué dirías?
¿Qué podrías decir a mi tristeza?
...No intentes disculparte: ¡todo es vano!
Ya murieron las rosas en el huerto;
el campo verde lo secó el verano,
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.
Amor arrepentido,
ave que quiere regresar al nido
al través de la escarcha y las neblinas;
amor que vienes aterido y yerto,
¡donde fuiste feliz... ¡ya todo ha muerto!
No vuelvas... ¡Todo lo hallarás en ruinas!
¿A qué has venido? ¿Para qué volviste?
¿Qué buscas?... Nadie habrá de responderte!
Está sola mi alma, y estoy triste,
inmensamente triste hasta la muerte.
Todas las ilusiones que te amaron,
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron,
y se fueron... cansadas de no verte.
Cuando por vez primera
en mi camino te encontré, reía
en los campos la alegre primavera...
todo era luz, aromas y armonía.
Hoy todo cuán distinto... Paso a paso
y solo voy por la desierta vía.
—Nave sin rumbo entre revueltas olas-
pensando en la tristeza del ocaso,
y en las tristezas de las almas solas.
En torno la mirada no columbra
sino esperanzas y páramos sombríos;
los nidos en la nieve están vacíos,
y la estrella que amamos ya no alumbra
el azul de tus sueños y los míos.
Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra.
...¿Recuerdas? Te llamaba mi esperanza,
¡pero ya mi esperanza no te nombra!
¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía
está el ara, y la historia yace trunca.
¡Ya para que esperar que irradie el día!
¡Ya para que decirnos: Todavía,
Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!
viernes, 30 de septiembre de 2011
miércoles, 21 de septiembre de 2011
¡Severo viaje!

Cuando tomó el P3 solo quería sentarse, a pesar de que era aún muy temprano, ya se sentía muy cansada. Se despertó cuando aún no amanecía y no pudo volver a dormir. Había empezado a sentirse intranquila, pues se dio cuenta de que aquella noche tampoco tendría su idilio con el sueño (después de todo, era el único que la complacía).
Contaba ya tres días y siete horas sin poder dormir de corrido más de dos horas.... tic tac tic tac tic... cuando empezaba a invadirla el sueño se dio cuenta de que en menos de una hora amanecería, pues a pesar de que no había rastros del sol, la vecina del 517 dejó sentir sus pasos sobre las baldosas sueltas del piso. Como todos los días, se dispuso a la rutina cruel de la que no planea ser mamá cuando aún se ocupa de todo cuanto implica ser una mujer joven.
Ya, a más de tres horas de haber despertado, se encontraba recorriendo los pasos de su camino diario, camino marcado por el olor particular de la mezcla de aromas cosméticos que se aplicaba religiosamente antes de salir de casa.
Antes de notarlo, ya iba cruzando el puente que la lleva a la estación del Metro, pues, como siempre, a lo largo del camino cuentas por pagar, tareas pendientes, palabras no dichas, se anidaban en su cabeza construyendo sus efemérides. De entre tantas cosas que le fastidiaban se encontró con la combinación casi perfecta de dos de ellas, como una broma mal pensada del mismísimo demonio: dos policías que estaban parados debajo del puente miraban lascivamente la sombra de debajo de su vestido. -¿Qué se creen estos hijueputas?-, pensó y con esa actitud desafiante que tomaba cuando se sentía violentada en lo más femenino de su ser, se paró a mitad del puente a mirarlos a la cara hasta que, intimidados, dejaron de mirarla sin que antes, claro está, ella no perdiera la oportunidad de hacer escuchar su aguda voz: -¿Nunca han visto una vagina?-.
Efectivamente, al tomar el Metro, encontró un asiento vacío donde se sentó, como de costumbre, a hacer un recuento de lo que iba de su día y a planear lo que le faltaba de él. Pasó lentamente su viaje que atravesaba una ciudad entera para llegar a su destino entre sueños atrasados, malos recuerdos, y cosas por hacer. Por fin llegó el momento, en la estación de la 27 con 11 se encontró con Ánderson y fueron a buscar, una cuadra más abajo donde para el Metro, al jíbaro, y se fueron a inhalar perico al aeropuerto. Lola se sintió feliz pues hasta ahora empezaba su día.
miércoles, 24 de agosto de 2011
¡Jumm! ¿y lo del avión?
Ya yo sabía cómo iba a terminar eso... el semestre pasado algunos de mis amigos estuvieron revoloteando las últimas semanas del semestre con una vaina que yo no entendía para qué era. Yo me preguntaba: ¡qué les pasa, si en medio de una semana de parciales, lo que menos me importaría sería hacer un marica avión!. Pues resulta que este semestre mi esposo se preguntaba lo mismo y, la verdad sea dicha, hubo momentos donde también yo lo hice.
En esa pensadera y consultadera pasaron los días y vinieron tareas pendientes, responsabilidades de mamá, trabajos de literatura, de didáctica, exposiciones, parciales... en fin. Cuando me di cuenta, estaba a días de la entrega y el avión no avanzaba, ni si quiera arrancaba.




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