sábado, 10 de marzo de 2012

Del día a la noche


A pesar de que su deleite más grande sea dormir, a las cuatro de la mañana se despierta Paquita de lunes a viernes y es que los motivos lo ameritan pues su día se va en muchas ocupaciones por cumplir entre la iglesia, la universidad y el trabajo. Despierta, se estira, se duerme, despierta, se para, se baña Paquita y solo han pasado 18 minutos de las 23 horas y 42 minutos que faltan de su día…

Sale de su cuarto ya vestida y maquillada, desayuna, corre a la estación del bus, resta los 32 minutos y 32 pasos del recorrido urbano de su casa al colegio donde la conocen como “La profe Natalia” 32 son también los besos que recibe de “sus niños” al llegar al colegio. Pasa las cinco horas de su jornada laboral entre niños y niñas ansiosos por aprender lo que ella les enseña… a una hora del medio día Paquita emprende el camino a casa… Abre la puerta, se quita los zapatos, olfatéa: mmmm delicioso ajiaco preparó la mamá de Paquita y sus glándulas salivales empiezan a trabajar… 18 pasos de la puerta al comedor, 18 cucharadas, 18 horas para terminar su día.

Almuerza, se recuesta, intenta descansar la profe Natalia. El reloj marca ya la 1:15 de la tarde, no puede dormir más. Se lava los dientes, cambia de maleta y de rol: Paquita deja de ser profesora, toma la mochila de estudiante y se va a la universidad. 2 horas más del día, 2 libros más para leer, 2 minutos para cerrar los ojos y pensar “¿qué falta por hacer?”

La arena del reloj que marca las horas en los días de Paquita ya va por mitad. Sale de clase y de la universidad, se va a casa a terminar de leer lo que tenía por leer, a planear la clase de mañana de francés y la de inglés. Pasan tan solo un par de horas y ya empieza a anochecer, pronto llegará la hora del día que más le gusta después de la de dormir.

Corre para no llegar tarde a su ensayo con el coro, no lo logra, entra tarde. Se sienta atrás, disimula, no se quiere hacer notar. Paquita no tuvo tiempo de estudiar la partitura. “Sube un tono, estás desafinada”, resta una hora a tu reloj, ya casi el día acaba.

A 8 horas de empezar de nuevo baja a la iglesia, se encuentra con su padre, su hermano, su madre, sus hermanas y hermanos, Paquita dirige el grupo de alabanzas de la iglesia. Se regocija, se emociona, canta.

Vuelve a la cama, lee, la alegra un encuentro virtual con sus amigos, se queda dormida Paquita sin lavarse los dientes, el cansancio pudo con su cuerpo. Sueña placenteramente, disfruta de lo que más le gusta hacer en el día.

5, 4, 3, 2, 1… pi pi pi pi pi pi… suena de nuevo el despertador para anunciarle que su rutina empieza de nuevo.

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