Ya yo sabía cómo iba a terminar eso... el semestre pasado algunos de mis amigos estuvieron revoloteando las últimas semanas del semestre con una vaina que yo no entendía para qué era. Yo me preguntaba: ¡qué les pasa, si en medio de una semana de parciales, lo que menos me importaría sería hacer un marica avión!. Pues resulta que este semestre mi esposo se preguntaba lo mismo y, la verdad sea dicha, hubo momentos donde también yo lo hice.
A pesar de que el trabajo estaba propuesto hace tiempo, solo hace un par de semanas empecé a pensar y consultar, pues la idea de realizar esa actividad junto a mi hijo me entusiasmó lo suficiente como para motivarme a hacerlo. Pasaron los días, las ideas, las páginas de la internet y ninguna me convencía... algunas por complicadas, algunas por sencillas, algunas por costosas, algunas !porque ajá¡.
En esa pensadera y consultadera pasaron los días y vinieron tareas pendientes, responsabilidades de mamá, trabajos de literatura, de didáctica, exposiciones, parciales... en fin. Cuando me di cuenta, estaba a días de la entrega y el avión no avanzaba, ni si quiera arrancaba.
En uno de esos días en medio del afán académico, laboral, casero, me encontré a solas con Juan Manuel (mi hijo) en uno de esos días donde la televisión, los carros de juguete, los dinosaurios de plástico, no logran satisfacer el aburrimiento de un niño de tres años, así que decidí meterme con él en eso, lo del avión que tenía que hacer. Rápidamente acudí a la página donde había encontrado unos modelos de avión hechos en papel que, al parecer, eran muy sencillos para hacer, pues las indicaciones en la página http://www.avioncitosdepapel.com/index.php en la que se encontraban eran claras y además estaban acompañadas por dibujos del paso a paso.
Efectivamente, algunos de ellos eran fáciles con diseños clásicos de esos avioncitos que uno aprende a hacer en la escuela. Pero pensé que habiendo tantos, podíamos arriesgarnos a hacer algunos más complejos. En el EXITO encontré un blog de papel para origami con diseños que le darían al avión un toque "personal" -pensé. Al fin me decidí a comprar uno de hojas con colores diferentes en sus dos caras. Cuando llegamos a la casa, empezamos a doblar las hojas de una y otra manera. Juan Manuel no entendía por qué simplemente no recortábamos los papeles en pequeñas piezas para luego pegarlas sobre algún dibujo como siempre lo hacemos a la hora de haer sus tareas del colegio.
Cuando, después de varios intentos, por primera vez fue exitosa la hechura de uno de los aviones y lo hice volar, la emoción en sus ojos y verlo correr en la sala detrás de él me emocionó mucho hasta que las lagrimitas empezaron a brotar de sus ojos porque el avión se había ido balcón afuera. Le mostré que teníamos más papel y podíamos hacer muchos más.
Muchas hojas terminaron en la bolsa del reciclaje porque en su afán por ayudarme se rompieron o arrugaron... otras porque en mi afán de ser artista y sorprenderme con un modelo más complejo, terminaban rotas en los pedazos que deja la frustración... El caso es que solo sobrevivieron y volaron tres de los modelos que hicimos: el Silvio http://www.avioncitosdepapel.com/silvio.php , el Flout http://www.avioncitosdepapel.com/flout.php , y el Planeador http://www.avioncitosdepapel.com/planeador.php .
Al final, esta experiencia me dejó: una chiva, una burra negra, una yegua blanca; la sonrisa en la cara de Juancho al ver volar los aviones y su emoción al perseguirlos tratando de adivinar dónde iban a caer. Satisfacción que en segundos borró la frustración de los aviones que se quedaron a mitad del camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario