domingo, 12 de julio de 2009

Mi primera vez y las demás



-Ma, me, mi, mo, mu, ma, me...- Repetía con ahínco la profesora Inés y en medio del salón estaba yo, sentada en el pupitre amarillo repitiendo las sílabas mientras intentaba garabatearlas con buena caligrafía en el cuaderno rayado de cien hojas. En casa doña Graciela, mi mamá, (palabra que ya sabía escribir a la perfección) procuraba con voz recia o con juete en mano que yo cumpliera mis obligaciones escolares. En casa, todos sabían desde el principio que lo mío eran las artes; habilidades notorias para las actividades manuales, la música, la estética, las letras...


Ya más grande, distraída por los importantísimos quehaceres sociales de adolescentes, cambié los pinceles y los libros por botellas de alcohol, fiestas, amigos, etc. aunque nunca logré desprenderme del todo de esa maldita plaga artística, cortinas de humo y letras, figuras incandescentes y poco decentes rondando mi cabeza. Aproveché la rebeldía de adolescencia para asistir a cuanto festival de teatro, poesía, narración oral, festivales culturales y festivales bilingües que llegaran a mis oídos, acompañada, por supuesto, del novio alcahuete, quien a pesar de que no le interesara nada de eso, siempre quería llevarme la cuerda.


En medio de esa maratón fuera de la casa, participando en las actividades culturales en cuestión, me vi involucrada con la Universidad Industrial de Santander, gestora de muchas de dichas actividades, y decidí entonces cuál sería mi destino profesional: la Licenciatura en inglés. Un tiempo después, ya corroída por completo por el mal que nos hace diferentes a los humanistas de los ingenieros y los científicos, cambié mi rumbo académico por la Licenciatura en español y literatura, o como dice mi maestro John Claro: literadura, donde encontré a dos hombres que cambiaron mi vida y a un tercero que me hizo volver a nacer: un profesor que, en lo académico, me hizo recomenzar cuando abrió mis ojos a la fuerza para darme cuenta de que no sabía nada, ¡no sabía leer, no sabía escribir!; un científico que me hizo reafirmar la idea de que mi vida no puede ser alejada de las letras; y el tercero... ese tercero que es ahora el primero: un hombrecito con el que me enfrento al reto más grande de mi vida: ser mamá y maestra. ¡Tengo que enseñarle a leer, a escribir y a vivir!




"Leyendo se acaba sabiendo casi todo" J. Saramago


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